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Epifanía

«La Epifanía se lleva todas las fiestas»… ¡pero no la dulzura!

«La Epifanía se lleva todas las fiestas», dice un antiguo refrán. Por desgracia, como todas las cosas bellas, este periodo mágico del año también está llegando a su fin. Para consolarnos un poco y levantar el ánimo, queremos compartir con vosotros la receta de un dulce muy especial, típico de Apulia: los Purcidduzzi. Nuestra Cesarina Francesca, de Copertino, nos explica cómo preparar este dulce navideño, auténtico protagonista de las mesas pugliesas desde la Inmaculada Concepción hasta la festividad de San Antonio Abad, el 17 de enero.

Cesarina Francesca de Copertino y plato de Purcidduzzi

«La preparación de los Purcidduzzi ya es una fiesta en sí misma: días dedicados a preparar, freír, caramelizar con miel y decorar de la forma más imaginativa y creativa posible. Los niños tienen un papel fundamental, tanto a la hora de dar forma a los pequeños trozos de masa como, sobre todo, al decorar el plato final. Recuerdo a mi abuela, una magnífica costurera, que me hacía dar forma a la masa con su queridísimo dedal. Cada familia, cada ama de casa o amante de la cocina tiene su propia receta, ¡y esta es la mía!»

Purcidduzzi

Purcidduzzi

Pequeños bocados cubiertos de miel, típicos de la Navidad en Apulia

DificultadMedia
Tiempo de preparación30m
Tiempo de cocción10m
CosteMedio

Ingredientes

  • 500 g de harina 00
  • 500 g de sémola de trigo duro remolida
  • 200 g de aceite de oliva virgen extra
  • 250 g de anís
  • Zumo de naranjas y mandarinas
  • Ralladura de cítricos al gusto (naranjas, mandarinas, limones)
  • 1 kg de miel de acacia o multifloral
  • Decoraciones al gusto (almendras, piñones, confites de colores)

Procedimiento

  • Poned a calentar el aceite en un cazo junto con las pieles de los cítricos (sin la parte blanca).
  • Apagad el fuego y dejad enfriar.
  • Mientras tanto, mezclad las dos harinas sobre la superficie de trabajo, añadid la ralladura de los cítricos utilizados para el zumo, verted el aceite y empezad a amasar. Añadid el anís y el zumo de los cítricos y mezclad hasta obtener una masa blanda, homogénea pero consistente.
  • Dejad reposar la masa el tiempo necesario para organizar los pasos siguientes.
  • Tomad un trozo de masa y formad un cilindro de aproximadamente 1 cm de diámetro; luego cortadlo en pequeños trozos que haréis rodar sobre los dientes de un tenedor (o sobre un rallador, o sobre una tabla para ñoquis).
  • Colocadlos en una bandeja espolvoreada con un poco de sémola.
  • Si lo deseáis, podéis crear otras formas de masa, como rombos, lacitos o pequeños círculos: ¡la imaginación no tiene límites!
  • Freíd los trocitos de masa en abundante aceite durante unos minutos.
  • Una vez finalizada la fritura, calentad la mitad de la miel en una cacerola grande y, en cuanto la miel empiece a hervir, añadid los purcidduzzi, removiendo con cuidado. Incorporad el resto de la miel.
  • Al cabo de pocos minutos estarán listos para distribuirlos en los platos de servicio.
  • Decorad al gusto y dejad enfriar.

La fiesta de la Befana: una celebración típicamente italiana

Para todos los niños italianos, el 6 de enero significa una sola cosa: la llegada de la Befana. Montada en su escoba, esta anciana de nariz aguileña y barbilla afilada, vestida con una falda remendada y “zapatos todos rotos”, surca los cielos y, descendiendo por las chimeneas, llena los calcetines de los niños con juguetes o carbón, según se hayan portado bien o mal durante el año que acaba de terminar.

Se trata de una fiesta típicamente italiana, tanto que en otros países —ni siquiera muy lejanos, como Francia— la tradición del calcetín colgado no existe y el 6 de enero ni siquiera es festivo.

Una figura entre el mundo pagano y el cristiano

En la tradición cristiana, la historia de la Befana está estrechamente ligada a la de los Reyes Magos. Cuenta la leyenda que, en una fría noche de invierno, Baltasar, Gaspar y Melchor, al no encontrar el camino para llegar a Belén, pidieron indicaciones a una anciana que les mostró la ruta. Los Magos invitaron a la mujer a unirse a ellos, pero ella rechazó la invitación. Poco después, sin embargo, se arrepintió de su negativa y, tras preparar un saco lleno de dulces, salió en su búsqueda sin éxito. Entonces la anciana comenzó a llamar a todas las puertas regalando dulces a los niños que encontraba, con la esperanza de que uno de ellos fuera el Niño Jesús. No es casualidad que el término “Befana” derive del griego “Epifanía”, es decir, “manifestación”, término que indica los días en los que, según el Evangelio, Jesús se mostró por primera vez en público.

Calcetines colgados por la Befana, Reyes Magos ante el Niño Jesús, Reyes Magos sobre camellos, Befana

Otra interpretación vincula la figura de la Befana al folclore romano, en particular a la fiesta en honor a la diosa Strenia, cuando era costumbre intercambiar regalos. Y el intercambio de dones es, no por casualidad, uno de los aspectos figurativos típicos de esta celebración: en el imaginario colectivo, la Befana lleva a la espalda un enorme saco lleno de juguetes y caramelos para regalar a los niños, quienes a cambio le dejan algo de comida.

Pero además de los regalos, en el fondo de ese saco también hay carbón, como bien saben los niños más traviesos. La imagen del carbón también derivaría de antiguas costumbres romanas: bajo el emperador Aureliano, durante los doce días posteriores a la fiesta del Sol (25 de diciembre), se volvió habitual quemar un tronco de roble que producía un carbón portador de buena suerte. Según esta interpretación, encontrar carbón en el calcetín no sería algo negativo, sino una señal de buen augurio.

También a las tradiciones romanas se remontaría la imagen de la anciana que surca el cielo montada en una escoba. En las noches posteriores al solsticio de invierno se celebraba el renacimiento de la naturaleza y se creía que figuras femeninas volaban sobre los campos para propiciar las futuras cosechas: de la reelaboración de esta creencia nacería la imagen de la Befana que, con su escoba, vuela por los cielos vestida con ropas gastadas y remendadas, símbolo del año viejo que está a punto de terminar.

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