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Primer plano de un plato de mezze maniche a la carbonara

La receta de pasta a la Carbonara de Cesarina Ofelia

La Carbonara es la quintaesencia de la romanidad y es uno de los platos más populares del mundo. Y si lo es, es por una buena razón… La pasta queda envuelta en una irresistible salsa cremosa que contrasta con las notas intensas de la pimienta negra y el pecorino, y con el crujiente del guanciale dorado. ¡Un auténtico paraíso para el paladar!

Ingredientes para la Carbonara

La receta de la pasta a la Carbonara

Esta receta requiere muy pocos ingredientes (recuerda: ajo, nata y cebolla no están permitidos), pero sí cierta habilidad técnica: al escurrir la pasta es fundamental pasarla inmediatamente a la sartén con la salsa sin eliminar toda el agua. El calor de la pasta recién cocida, junto con el agua rica en almidón y la grasa del queso, se fusionan para crear esa mítica “cremita” que hace tan irresistible a la Carbonara.

La receta puede presentar ligeras variaciones de una familia a otra; la que te presentamos hoy es la de nuestra Cesarina Ofelia.

Plato de Carbonara

Pasta a la Carbonara

Prepara en casa un clásico de la cocina romana

DificultadFácil
Tiempo de preparación15m
Porciones4
CosteBajo

Ingredientes

  • 350 g de pasta mezze maniche
  • 150 g de guanciale cortado en lonchas de 1 cm de grosor
  • 4 yemas de huevo muy frescas (1 yema por persona) + 1 huevo entero
  • 100 g de pecorino romano
  • 50 g de parmesano
  • pimienta negra
  • sal
  • unas cucharadas de agua de cocción

Procedimiento

  • En primer lugar, corta el guanciale en tiras y colócalo en una sartén.
  • Pon al fuego una olla grande con agua para la pasta.
  • Al mismo tiempo, calienta el guanciale a fuego bajo en la sartén.
  • El guanciale no debe endurecerse demasiado, sino ablandarse lentamente, soltando toda la grasa necesaria para ligar la pasta.
  • Mientras tanto, el agua llegará a ebullición y podrás cocer la pasta.
  • Es el momento de preparar la crema de yemas para una Carbonara perfecta. Mezcla las yemas y el huevo entero con la mayor parte del pecorino y del parmesano (reserva una cucharada para el acabado) y abundante pimienta, preferiblemente recién molida. Añade unas cucharadas de agua de cocción para evitar el efecto “tortilla”. La crema debe ser suave pero densa y aterciopelada, con un color intenso.
  • Retira el guanciale de la sartén y resérvalo para el final, dejando solo algunos trozos en la sartén.
  • Escurre la pasta muy al dente directamente en la sartén caliente con el guanciale (reservando parte del agua de cocción). Añade pimienta y deja que la pasta libere un poco de su almidón, formando una primera capa cremosa.
  • Añade la crema de yemas a la pasta y al guanciale en la sartén y agrega también 2–3 cucharadas de agua de cocción. Retira inmediatamente del fuego y mezcla enérgicamente para evitar que el huevo se cuaje, bajando la temperatura y creando una salsa homogénea.
  • Añade el guanciale crujiente y sirve espolvoreando con un poco de pecorino, pimienta y tiras de guanciale.

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En busca de los orígenes de la pasta a la Carbonara

Como sucede con muchos grandes clásicos de la tradición gastronómica, la Carbonara también tiene una historia no del todo definida. Sus orígenes siguen siendo objeto de debate, aunque está bastante aceptada la idea de que se trata de una receta relativamente reciente, surgida tras la Segunda Guerra Mundial y en parte vinculada a la presencia estadounidense en Italia.

Una de las teorías más conocidas cuenta que, durante la Segunda Guerra Mundial, algunos soldados estadounidenses probaron en Abruzzo una pasta condimentada con huevos y queso, preparada por carboneros en la zona de L’Aquila. Más tarde, el guanciale se habría añadido de manera casi natural, también gracias a la disponibilidad de este producto típico del territorio.

Otra hipótesis sitúa el nacimiento de la Carbonara en Nápoles, también durante los años del conflicto. Los militares estadounidenses, grandes aficionados a lo que hoy llamaríamos “street food”, consumían también espaguetis cacio e pepe. Se dice que uno de ellos, al considerar el plato demasiado suave de sabor, añadió ingredientes procedentes de su ración militar (la llamada ración K): huevos en polvo, beicon y nata.

Kit con productos de los soldados, entre ellos la ración K

Una combinación que hoy puede sorprender (o incluso incomodar), pero que según algunos podría haber representado una primera versión rudimentaria de la futura Carbonara. Posteriormente, los cocineros locales habrían reinterpretado y perfeccionado esos ingredientes, dando lugar a la receta que con el tiempo se convirtió en uno de los símbolos de la cocina romana.

La primera versión escrita de la Carbonara apareció finalmente en agosto de 1954 en la revista “La Cucina Italiana”, marcando la entrada oficial del plato en la gastronomía nacional.

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