

Con la llegada de junio y la naturaleza en plena floración, no solo son las flores las que brotan en los prados. Existe una planta que a menudo se ignora, o incluso se evita, pero que posee un sorprendente potencial en la cocina: la ortiga. A menudo considerada una simple mala hierba molesta por su poder urticante, la Urtica dioica es en realidad una planta con múltiples recursos, utilizada desde la antigüedad no solo con fines terapéuticos y textiles, sino también gastronómicos.
Originaria de Europa, Asia y el norte de África, la ortiga crece espontáneamente a lo largo de los caminos, al borde de los campos, en zanjas y bosques. Es una planta herbácea perenne que puede alcanzar hasta dos metros y medio de altura. Sus hojas, dentadas y cubiertas de pelos urticantes, son un eficaz sistema de defensa natural. Pero precisamente en esas hojas se esconde un tesoro de vitaminas, minerales y principios activos: vitamina C, hierro, ácido fólico, flavonoides y taninos. No es casualidad que los antiguos egipcios la usaran como remedio medicinal y, según algunos testimonios, incluso los soldados romanos la utilizaban para aliviar dolores articulares.
Hoy, la ortiga vive un merecido redescubrimiento, tanto por sus valores nutricionales como por su versatilidad en la cocina. Es perfecta para quienes buscan platos sanos, de temporada y de kilómetro cero. Una vez recolectada (¡con guantes, por supuesto!) lejos de carreteras transitadas y fuentes de contaminación, puede transformarse en sabrosas tortillas, sopas, risottos o pestos de un verde brillante.
Pero si hay una preparación en la que la ortiga muestra todo su potencial, es en el relleno de los raviolis. Así nos lo cuenta nuestra Cesarina Benedetta de Turín, que quiso compartir con nosotros una receta que combina sencillez y sabor, perfecta para un almuerzo dominical lleno de convivialidad y cocina auténtica.

Raviolis de ortiga con mantequilla y salvia
Un primer plato primaveral que une tradición y sabores delicados
Ingredientes
- Ingredientes para la masa:
- 600 g de harina 00
- 200 g de sémola de trigo duro refinada
- 8 huevos
- Aceite de oliva virgen extra
- Sal
Ingredientes para el relleno y la salsa:- 500 g de ricotta
- 200 g de ortigas
- 70 g de Parmigiano Reggiano rallado
- Menta
- Sal
- Pimienta
- Mantequilla
- Salvia
Procedimiento
Para el relleno:
- Tamiza la ricotta y pica las ortigas junto con unas diez hojas de menta (al gusto).
- Mezcla la ricotta con el queso parmesano rallado, las hierbas y la menta; ajusta de sal y pimienta.
Para la masa:- Mezcla 600 g de harina 00 con 200 g de sémola y amasa con 8 huevos enteros, 1 cucharada de aceite y una pizca de sal.
- Forma una bola, envuélvela en film transparente y deja reposar en la nevera durante 1 hora.
- Extiende la masa (1 mm de grosor) formando dos placas rectangulares.
- Humedece una placa con un poco de agua y coloca pequeñas porciones del relleno separadas unos 5–6 cm. Cubre con la segunda placa y presiona alrededor del relleno para eliminar el aire.
- Corta los raviolis con un cortapastas.
- Cocina los raviolis en abundante agua hirviendo con sal, escúrrelos cuando suban a la superficie y condimenta con mantequilla, salvia y un poco de parmesano rallado.
Cómo limpiar y cocinar las ortigas:
- Como la capacidad urticante no desaparece al cortar las hojas, las ortigas deben seleccionarse y limpiarse usando guantes (preferiblemente de látex de doble capa para tener mayor destreza sin molestias).
- Corta la punta, separa las hojas del tallo y sumérgelas en agua con hielo.
- Hierve agua ligeramente salada, blanquea las ortigas durante un par de minutos y transfiérelas al agua con hielo para conservar el color verde brillante. Escúrrelas y sécalas: ahora están listas para usar en numerosas recetas.
- No deseches el agua de cocción de las ortigas: puede usarse como base para sopas o risottos o beberse como decocción.