

Hoy es el Tortellino Day, el día dedicado a uno de los símbolos más queridos de la cocina emiliana e italiana. Una pequeña obra maestra triangular de pasta rellena que encierra historia, tradición e identidad, capaz de unir generaciones alrededor de la mesa para disfrutar de un plato que habla de hogar, familia y celebración.
Aclaración necesaria: el tortellino clásico en caldo de capón es, y siempre será, su máxima expresión. Intocable, insustituible, sagrado.
Hoy, sin embargo, nuestra Cesarina Francesca de Bolonia nos propone una versión deliciosa y diferente: el tortellino frito. Aunque mantiene la tradición en cuanto a forma y relleno, la fritura transforma el ombligo de Venus en un pequeño aperitivo capaz de sorprender. Una variante realmente irresistible: crujiente por fuera, rico por dentro, el tortellino frito está hecho para picar, compartir y disfrutar de pie o alrededor de una mesa entre amigos, quizás acompañado de un buen vino de Bolonia.
A Francesca le gusta ofrecerlo a sus invitados con este espíritu: mostrar un lado diferente del tortellino, menos solemne pero igual de delicioso, perfecto para un aperitivo o como apertura de un almuerzo de fiesta. Una manera diferente de celebrar el Tortellino Day donde tradición e innovación se encuentran.

Tortellini fritos con crema de parmesano
Un aperitivo crujiente e irresistible, perfecto para compartir durante un aperitivo entre amigos o como entrante
Ingredientes
- Para la masa:
- 100 g de harina 00
- 1 yema de huevo
- Para el relleno:
- 50 g de lomo de cerdo
- 50 g de jamón crudo
- 50 g de Parmigiano Reggiano
- 40 g de mortadela
- 1 huevo
- Nuez moscada al gusto
- Sal al gusto
Para la crema de parmesano:- 100 ml de nata líquida fresca
- 50 g de Parmigiano Reggiano
- 10 g de mantequilla
- Nuez moscada al gusto
- Sal al gusto
Para la fritura:- Aceite de cacahuete al gusto
Procedimiento
Para la masa:
- Hacer un volcán con la harina.
- Poner el huevo en el centro.
- Amasar hasta obtener una masa lisa.
- Envolver en film transparente y dejar reposar 30 minutos a temperatura ambiente.
Para el relleno:
- Picar finamente todas las carnes.
- Añadir Parmigiano, huevo y especias.
- El relleno debe estar seco y compacto.
Para la masa estirada:
- Estirar la pasta finamente (máquina nº 6–7 o a mano).
- Cortar cuadrados de 3–3,5 cm.
- Cubrir siempre la pasta para que no se seque.
Cierre de los tortellini:
- Poner una punta de relleno en el centro de cada cuadrado.
- Doblar en triángulo y sellar bien.
- Sellar bien para evitar que se abran al cocerse.
Para la fritura:
- Calentar el aceite a 170–175°C.
- Freír pocos tortellini a la vez.
- Tiempo: 2–3 minutos, hasta que estén dorados y crujientes.
- Escurrir sobre papel absorbente.
- Salar ligeramente solo si es necesario.
- Servir muy calientes.
Para la crema de parmesano:
- Poner la mantequilla y derretir a fuego bajo.
- Añadir la nata fresca.
- Añadir el Parmigiano.
- Batir con varilla hasta obtener una crema densa y cremosa.

Los tortellini: entre historia y curiosidades
El tortellino siempre ha estado en el centro de un acalorado debate entre boloñeses y modenenses de todas las generaciones, cada uno dispuesto a atribuirse el origen de esta pequeña obra maestra de pasta rellena. La verdad histórica nos lleva a Castelfranco Emilia, un pueblo que durante siglos estuvo bajo dominio de Bolonia, antes de pasar en 1929 a formar parte de la provincia de Módena. Es aquí, en el corazón de este territorio fronterizo, donde nació el tortellino, convirtiéndose en símbolo de una tradición gastronómica que aún hoy divide a las dos ciudades emilianas.
A esta historia se entrelazan curiosidades y leyendas: se dice que la forma del tortellino está inspirada en el ombligo. Según la leyenda popular, un posadero de Castelfranco Emilia quedó fascinado por el ombligo de Venus y de ahí surgió la idea de “doblar” la pasta alrededor del relleno, ganándose el apodo jocoso de ombligo de Venus.
El tortellino clásico es célebre en el caldo de capón, pero con el tiempo han surgido variantes creativas: fritos, al horno, gratinados. En Emilia-Romagna se dice en broma que “un tortellino fuera del caldo es un pecado… ¡pero se perdona!”, demostrando cómo esta pequeña maravilla puede reinventarse sin perder nunca su identidad.
