

El aroma del mar, la arena bajo los pies, el sol calentando el cuerpo y una deliciosa focaccia barese entre las manos: no hace falta nada más para que este día festivo sea aún más especial. Entre una guerra de agua y un partido de vóley playa, la focaccia barese es el tentempié ideal para disfrutar plenamente de esta jornada entre amigos, marcada por la diversión y la despreocupación. Nuestra Cesarina Pierangela, desde Lecce, nos enseña a preparar este plato que une pasado y presente.
«La focaccia barese es uno de los platos que mejor representa mi profunda conexión con la tradición. Cuando amaso, es como viajar al pasado, cuando de niña corría a la cocina de mi abuela. Recuerdo el sonido de su voz explicándome cómo dejar fermentar la masa. En cada bocado de esta receta hay un pequeño fragmento de historia que me hace sentir en casa esté donde esté».
Los orígenes de la focaccia barese son muy antiguos: ya en la Antigua Roma existía una preparación similar. Su nombre procede del latín focus, que significa “hogar” o “fogón”, el lugar donde se cocía el pan en las casas campesinas. La primera aparición del término “focaccia” se remonta a más de ochocientos años y, desde entonces, han surgido numerosas variantes.
Originaria de la ciudad de Bari, la focaccia barese es sin duda uno de los símbolos más queridos de la tradición gastronómica de Apulia. Esponjosa por dentro y crujiente por fuera, aliñada con tomates cherry y un generoso chorrito de aceite de oliva virgen extra, esta focaccia es mucho más que un simple tentempié: es un auténtico ritual para quienes viven y aman Apulia.
Como ocurre con todas las recetas transmitidas de generación en generación, cada familia tiene su versión favorita: hay quien añade aceitunas, quien la prefiere más alta y esponjosa, y quien disfruta de los bordes ligeramente tostados para un toque más rústico. También hay quienes incorporan patatas cocidas a la masa para hacerla aún más suave, o utilizan sémola de trigo duro en lugar de harina para obtener un resultado más rústico y dorado.
Al final, ya sea llevada a la playa, cortada en cuadrados para una merienda entre amigos o servida como entrante, la focaccia barese nunca decepciona y siempre logra convertir cualquier momento en un momento feliz.

Focaccia barese
Tomates cherry, buen aceite de oliva y masa esponjosa: la focaccia barese encierra toda el alma y la tradición de Apulia
Ingredientes
- Cantidades para un molde de 35 cm:
250 g de sémola de trigo duro remolida- 250 g de harina tipo 0
- 12 g de levadura fresca de panadería (o 3 g de levadura seca)
- 400 ml de agua templada
- 1 cucharada de sal fina
- 1 cucharada de miel (o azúcar)
Procedimiento
- Coloque las harinas en un bol amplio.
- Forme un hueco en el centro y añada la levadura y la miel.
- Agregue lentamente el agua en el centro y, con ayuda de una espátula, comience a disolver la levadura e integrarla con las harinas y la miel.
- Una vez obtenido un compuesto homogéneo, añada la sal en los bordes del bol y vierta el resto del agua.
- Continúe mezclando con las manos, sin trabajar demasiado la masa, hasta obtener una bola suave, bien integrada y ligeramente pegajosa.
- Añada 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra y amase de nuevo hasta que el aceite se haya absorbido por completo.
- Cubra el bol con film transparente y deje reposar 30 minutos.
- Transcurrido el tiempo, realice una primera serie de pliegues (doblando la masa sobre sí misma).
- Repita la operación otras dos veces, cada 30 minutos (en total 3 series de pliegues).
- Después del último pliegue, deje fermentar la masa cubierta y protegida de corrientes de aire hasta que doble su volumen.
- Una vez fermentada, transfiera la masa a un molde bien untado con aceite.
- Añada tomates cherry, aceitunas, sal, orégano y un generoso chorrito de aceite de oliva virgen extra.
- Hornee en el horno precalentado a la temperatura máxima: 15 minutos en la parte baja del horno y luego 10 minutos en la parte superior, hasta que esté dorada.