

Nos acercamos a finales de noviembre y, con los días más cortos y frescos, aumenta el deseo de reconfortarnos con algo caliente y sabroso. Hoy os proponemos el plato ideal para afrontar los grises días de otoño (aunque, dicho sea entre nosotros, hay quien la disfruta fría incluso en verano): pasta y alubias con cortezas de queso. Nuestra Cesarina Giovanna de Trieste nos explica cómo llevar este plato a la mesa.
La pasta y alubias es uno de los platos símbolo de la tradición culinaria italiana, un primer plato sencillo y sabroso, que en la versión que os proponemos resulta aún más gustoso gracias a las cortezas de parmesano.

Pasta y alubias con cortezas de queso
Un clásico reconfortante de la cocina italiana, aún más especial y sabroso gracias a las cortezas de parmesano
Ingredientes
- 350 g de alubias borlotti secas
- Zanahoria, apio, cebolla y ajo c.s.
- Un trozo de panceta o jarrete de jamón
- Un pequeño chile
- 1 litro de caldo vegetal
- Hierbas variadas (romero, salvia, albahaca, laurel) c.s.
- Un poco de concentrado de tomate
- 10 cortezas de parmesano o grana
- Aceite de oliva virgen extra c.s.
- Sal, pimienta c.s.
Procedimiento
- Pon las alubias en remojo durante una noche cambiando el agua dos veces.
- Cuece las alubias en agua con granos de pimienta y una hoja de laurel hasta que estén tiernas. Conserva el agua de cocción.
- Prepara un sofrito dorando en aceite de oliva virgen extra un picado de zanahoria, apio, cebolla, ajo y un trozo de panceta.
- Añade las alubias con su agua de cocción al sofrito, luego incorpora una cucharada de concentrado de tomate, las hierbas y el caldo vegetal.
- Lleva a ebullición y después añade las cortezas de parmesano.
- Deja hervir a fuego lento durante al menos una hora. Si en este punto las alubias no se han deshecho, puedes aplastarlas o triturar la mitad: el caldo debe quedar bastante denso y las cortezas de parmesano suaves.
- Sirve con pimienta recién molida y un chorrito de aceite de oliva virgen extra.
Los frijoles: origen y características nutricionales
En el pasado, los frijoles, al igual que las legumbres en general, eran considerados “la carne de los pobres”. Después de la guerra, en un período de escasez económica, las familias con menos recursos, que no podían permitirse comprar carne, suplían sus necesidades diarias de proteínas con legumbres. No es de extrañar, por tanto, que la pasta con frijoles fuera un plato frecuente en las mesas italianas: era, por así decirlo, un “plato refugio”, capaz de aportar nutrientes valiosos a bajo coste.
Originarios de América (los frijoles llegaron a Europa tras el descubrimiento de América por Colón), estas legumbres son las semillas de una planta de la familia de las leguminosas Papilionáceas y están entre las más cultivadas y consumidas del mundo. Existen más de 500 variedades, pero en Italia las más conocidas son el borlotto y el cannellini. Su perfil nutricional es excelente y probablemente no sea casualidad que se consuman especialmente en las “zonas azules”, es decir, en las regiones del planeta con las poblaciones más longevas. Ricos en carbohidratos y proteínas y pobres en grasas, 100 gramos de frijoles aportan solo 106 Kcal. Su perfil energético se compone de: 55 % carbohidratos, 27 % proteínas, 13 % fibra y 5 % lípidos.
